Técnica física que controla el 100% del Fusarium en soja

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La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) desarrolló una tecnología innovadora en conjunto con la Facultad Regional Venado Tuerto de la Universidad Tecnológica Nacional (FRVT–UTN), que a partir de un método físico permitiría mejorar el poder germinativo y el vigor de semillas de soja y otros cultivos, y controlar hongos patógenos de semilla de gran impacto sobre la producción, como Fusarium. Los investigadores destacaron que esta herramienta es amigable con el medio ambiente y adelantaron que podrían comenzar a implementarse en la actividad frutícola, indicó la Agencia de Divulgación Científica, Sobre La Tierra (SLT).

El proyecto, denominado “Plasma no térmico”, ya llamó la atención de empresas de semillas, aceleradoras de proyectos y otras entidades como la Unión Industrial Argentina (UIA). Además, recientemente obtuvo el segundo premio en la categoría Agrobiotecnología de la Competencia AllTec, organizada por la Fundación Innovación y Tecnología (Funintec), la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB) y el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas – Instituto Tecnológico Chascomús (IIB-INTECH), de la Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM) y el CONICET.

Innovación para la agricultura

Balestrasse recordó que el plasma es el cuarto estado de la materia, un estado fluido similar al gaseoso pero con partículas cargadas eléctricamente: “En el caso del plasma, el gas (oxígeno o nitrógeno) recibe una descarga eléctrica que se emplea en la generación de electrones energéticos, generando plasma a temperatura ambiente y presión atmosférica. A diferencia de los plasmas que suelen usarse en la industria, estas condiciones facilitarían el trabajo con el material biológico”.

Las investigaciones sobre el empleo de plasmas fríos en el tratamiento de semillas son recientes e involucran a otros países como España y Rusia. Por el momento, esta tecnología se está aplicando a cultivos de interés agronómico para la inactivación de microorganismos, la aceleración de la germinación de semillas y el crecimiento de cultivos.

Para avanzar en su proyecto, Balestrasse trabajó en conjunto con Leandro Prevosto y Héctor Kelly, investigadores del Conicet, del Grupo de Descargas Eléctricas (GDE) de la FRVT–UTN, quienes ya venían desarrollando plasmas a altas temperaturas para utilización industrial.

Patógenos en semillas

Al tratar de aplicar esta tecnología en semillas, los científicos primero se plantearon el objetivo de controlar patógenos. “Tenemos resultados muy interesantes”, afirmó Balestrasse, y apuntó: “En semillas de soja que estaban infectadas en un 65%, logramos un 100% de recuperación del poder germinativo y el vigor”.

¿Cómo actúa el plasma sobre los patógenos? La presencia de electrones energéticos produce diferentes agentes activos en el plasma (iones, radicales libres, meta-estables y radiación UV, entre otros) sin generar un calor excesivo que pueda dañar a los sustratos. Debido a estas características, en los últimos años los plasmas pudieron aplicarse en disciplinas como la biología y la medicina.

“Estos agentes activos del plasma reaccionan con las biomoléculas destruyéndolas, lo que convierte a las toxinas y microorganismos patógenos en inofensivos. Por otro lado los plasmas no térmicos debilitarían la membrana celular de los hongos, lo que resulta en la inactivación de los mismos”, dijo Ballestrase.

Otros ensayos realizados en 2014 en la Universidad de Pekín, China, demostraron que el tratamiento con plasma aumenta la resistencia de tomate a R. solanacearum (marchitez bacteriana) con una eficacia del 25%, aumentando significativamente la germinación y el crecimiento de la planta en comparación con el tratamiento control.

Hasta el momento, los investigadores encontraron un efecto diferencial sobre los patógenos y la semillas, y siguen estudiando cómo funciona este de acción, para comprender por qué el plasma sólo daña a los hongos.

Balestrasse también subrayó que el plasma no térmico sería una tecnología amigable con el medio ambiente, porque luego del tratamiento no quedarían efectos residuales sobre las semillas, como sucede con los fungicidas. Asimismo, adelantó que están comenzando a evaluar la posibilidad de tratar diferentes frutos, como por ejemplo arándanos: “Sería muy fácil de aplicar, porque no es un fruto de gran tamaño y podríamos tratarlo con el prototipo que ya finalizamos. Sólo habría que adaptar la temperatura y las distancias o tiempos de exposición y analizar patologías que puedan disminuir su producción o durabilidad”.

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